"Mide tus palabras como mides la pasta de dientes al sacarla de su bote,
ya que una vez están fuera es muy dificil volver a meterlas dentro..."
Entre temblores decidió cruzar, tras esa extraña cosa solo
encontró otra habitación con mucho polvo, al contrario que la luz, que era muy
escasa. Afuera, una tormenta descargaba raudales y raudales de agua, los
relámpagos sonaban, pero no iluminaban la estancia. En medio de esta, un gran y
cómodo sillón rojo de piel, en él estaba sentado un hombre muy extraño, vestía
un insólito traje de “escamas” negro, como si de la piel de un reptil se
tratase; en sus ojos unos quevedos, como opacos, que escondían su mirada y
reflejaban lo que veía. En sus piernas el pequeño conejo sonreía y se dejaba
acariciar. De aquella penumbra surgieron otras cuatro personas más, cada cual
más extraña, y se dispusieron a lo largo de la habitación tras el sillón;
vestían ropajes extraños y negros (parecidos a los del que estaba sentado) y la
miraban fijamente.
A veces pienso y re-pienso si esto puede ser lo mío, o tengo que remontar el vuelo (o el nado río arriba).
... me dirijo a la caja a pagar mi compra, pensando en cuál puede ser más rápida por la eficiencia de la cajera (ya que muchas veces el "súper" al que yo voy las cajeras son muy, pero que muy pésimas), estando ya en ella, en mi caduca espera y adolescente pérdida de tiempo, miro hacia el frente y ahí te veo...
Clamé en llanto al cielo, a la tierra, la Madre Verde que me rodeaba, y en medio de mis voces, escuché un suave susurro, un aliento en medio de mi desesperación.
Al llegar a ella, esta se alzaba erguida y deslumbrante, poseedora
del poder y el dominio, un lugar donde convivían muchos más
"comunes". Pasaron los años y el hombre se hizo a la nueva vida,
adquirió un trabajo, adquirió una identidad, adquirió un nombre... era
persona... trabajaba repartiendo pizzas a tiempo parcial en la pizzería "il prete rosso"; su vida transcurría tranquila, incluso conoció el amor de una compañera de trabajo, la encargada de realizar esas obras de arte tan suculentas.
-¿Qué haces?... ¿ensayas para el coro?, pues veo que cantas...
Ante mi, una mujer se desliza con una silla, a causa del balanceo... el barco cruje, chirría, se estremece... siento pesadumbre, temor...no quiero presenciar mi muerte, ni mi mareo...
Las palabras ya llenan todo mi espacio, no respiro, no veo, oigo murmullos, pensamientos vanos, memeces, dudas indisolubles, propuestas disonantes, veo un perro con una flauta... no... me he vuelto a perder...
Sudor bajo cero, frío sobre-evaporado... Ya no tengo sentido... harto de descanso, escribo...